SANTO GIANNUZZI
Está bien lo que hacía
Giannuzzi: un jardincito
con un café y sus discos
más preciados. Un tiempo
nomás de respirar
en pleno Armagedón,
entre oficina y calle,
recuperando fuerzas
frente a esas vejaciones
y crueldades a que
nos vemos sometidos
interminablemente
sin que nadie se salve.
El esclavo descansa
entre Mozart y un tiro
junto al amo en un muelle
en el que todos toman
su taza de terror
que da a beber la Época.
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