FOTOGRAMA
Una pila de libros
inmóviles. Un mate
ya lavado. Ceniza
sobre la superficie
de la mesa. Una taza,
negra como la noche
en que lloré la muerte
de mi padre. Eso es todo:
un cuadro con las cosas
que más me significan,
calladas como ubres,
y un trebolar, y el viento:
espejos de mi yo.
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