2019 D. C.
Quién sabe si las cosas
no son perfectas y hacen
de estatuillas que el ojo
no sabe ya mirar.
Estatuillas, digamos,
de un culto en que el silencio
alimenta una lumbre
como espera que tasa.
¿Qué se espera? Que llegue
la gente de las niñas
encandiladas, puertas
franqueándose por fin.
Sí: puertas interiores,
y una memoria núbil
y dispuesta, y el mundo,
eternamente virgen.
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