STALKER
Me miro en el reflejo
del vidrio que está al lado
de la puerta. Una sombra
me vela la mitad
del rostro --un boxeador
entrado en años, fofo
y fumador--. Reclino
un poco más la espalda
en la silla. La noche
me trae este poema
de afirmar nuevamente
que, pese a todo, duro.
(Ya nunca más flexible.)
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