EL AMARGADO
Ya descansa la noche
pero mi rostro gris,
detenido ante libros
que leo vanamente,
sigue fingiendo el ceño
de los que no perdonan.
Qué perdonar. Mentira
la búsqueda incesante,
en ella me disfrazo
de lo que quise ser:
un autor de poemas
con salidas de búho.
Imperdonable, alojo
en mi ceño mi máscara.
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