sábado, 4 de mayo de 2019

EL AMARGADO


Ya descansa la noche 
pero mi rostro gris, 
detenido ante libros 
que leo vanamente, 
sigue fingiendo el ceño 
de los que no perdonan. 

Qué perdonar. Mentira 
la búsqueda incesante, 
en ella me disfrazo 
de lo que quise ser: 
un autor de poemas 
con salidas de búho. 

Imperdonable, alojo 
en mi ceño mi máscara. 

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