UN LECTOR
Me llevó mucho tiempo
callar. Ante los libros
que leía rezando
prácticamente, fueron
pasando varios años
sin comprender: apenas
si asistía a una música
hecha de letras. Pero
el aliento falló
poco a poco y quedé
a merced del sentido,
que brilla en el silencio.
¡Maravilla!: la música
seguía en mi interior
y el oído atendía
nuevamente a los ruidos
de fuera de la página.
Esfera que interroga
y que espera y atiende.
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