sábado, 6 de abril de 2019

¡PABLO...!


Se te había dormido 
el brazo y me llamaste, 
angustiada: mi nombre 
llegó desde la pieza 
como un desgarro, y yo, 
que leía en la sala, 
pensé por un segundo 
que esa frase (mi nombre) 
te venía a los labios 
también desde las dunas 
del sueño. "Soy realmente 
querido...". Te atendí, 
te consolé (caricias 
y frasecitas), casi 
emocionado; luego, 
cuando estuviste bien, 
volví a las fotocopias. 

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