NI UNA MENOS
Le estás dando. Ya las piernas
son una mezcla primaria,
derrengada, y el estómago
no puede reconocerse.
Queda la cara, que mira
tu accionar sin una mueca.
Ojos vacíos. Querés
cancelarlos, anularlos
--¡si se pudiera!--, borrarte
sin rastros de esa faena
que sus pupilas repiten.
Sanguinolento escupís
a tu 'chef d'oeuvre' pensando
--convencidísimo-- que,
aunque acabó, la querías.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario