lunes, 16 de septiembre de 2019

NI UNA MENOS


Le estás dando. Ya las piernas 
son una mezcla primaria, 
derrengada, y el estómago 
no puede reconocerse. 
Queda la cara, que mira 
tu accionar sin una mueca. 
Ojos vacíos. Querés 
cancelarlos, anularlos 
--¡si se pudiera!--, borrarte 
sin rastros de esa faena 
que sus pupilas repiten. 
Sanguinolento escupís 
a tu 'chef d'oeuvre' pensando 
--convencidísimo-- que, 
aunque acabó, la querías. 

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